La consolidación

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Comienza la etapa en la que Enrique Ponce ejerce su reinado en la Fiesta. Son los años en los que el torero nacido en Chiva y forjado en tierras jiennenses se hace con el mando del toreo y no baja en ningún momento la guardia, demostrando una regularidad nunca antes vista en torero alguno.

En 1992 comienza la etapa en la que el torero no baja de cien corridas por temporada. Logra un hito histórico al completar diez años superando esta cifra mítica en el toreo. Pulveriza, por tanto, el récord de Joselito El Gallo, que toreó tres años seguidos más de cien corridas. Este impresionante despliegue de capacidad torera se desarrolla entre 1992 y 2001. Su tope está en las 120 corridas que toreó en 1995.

En 1993 se plantea batir el récord de El Cordobés, situado en 121 corridas, y sólo un percance en la plaza de Cieza le aparta de la hazaña. Por lo demás esa temporada está plagada de grandes faenas como la del indulto del toro Ganchero, propiedad de Espartaco, en Jerez, la del toro del Puerto de San Lorenzo en Madrid, la de Córdoba a un astado de Ana Romero, entre otras. Esta temporada, marcada por la competencia con Joselito, la concluye matando seis toros en Valencia con balance de cuatro orejas.

Ya en las temporadas de 1994 y 1995 se habla de un Enrique Ponce más profundo y hasta los más críticos empiezan a reconocerle como una figura histórica. Es el momento de la consolidación, del afianzamiento más rotundo de su liderazgo en la Fiesta.

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La cantidad de festejos que torea no va en detrimento de la calidad de su toreo, que, muy al contrario, crece con el tiempo y la experiencia. Ser figura del toreo tampoco le aparta de asumir retos como los seis toros de Victorino con los que cierra la temporada de 1995 en Valencia.

La de 1996 es una temporada histórica en cuyo horizonte se destaca como hito inolvidable la faena al toro ‘Lironcito’ de Valdefresno en Las Ventas el 27 de mayo de 1996. Este encuentro épico ha pasado a la historia como paradigma del toreo dominador y la entrega absoluta en el ruedo.

Dos días antes había cortado cuatro orejas y un rabo en Nimes, lo que significa la conquista absoluta de la Francia taurina con una corrida de Samuel Flores.

Al finalizar una temporada en la que suma 109 corridas en España, contrae matrimonio con Paloma Cuevas, hija del matador de toros Victoriano Valencia que con el paso de los años se convertirá en su apoderado.