Torero de época

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La impresionante regularidad de Enrique Ponce y su crecimiento artístico le colocan en la cima. Poco a poco todos reconocen que está marcando una época en el toreo. Pero alcanzar esta meta del reconocimiento unánime no le relaja al torero, que persiste en su imparable ascenso.

De este modo llega la tarde del 2 de mayo de 1997, donde en la tradicional corrida Goyesca abre por segunda vez la Puerta Grande de Las Ventas. Dos faenas de distinto corte a un toro de Juan Pedro Domecq y otro de Victorino colman las exigencias de la afición madrileña.

Verano pletórico el de ese año. Ponce puntúa en todas las grandes ferias y realiza el gesto de matar una corrida de Miura en Linares en el 50 aniversario de la muerte de Manolete. Destacables también son el indulto de un toro de Juan Pedro Domecq en la plaza de Murcia y el rabo que le corta a un toro de Carmen Lorenzo en Salamanca, el último que se ha concedido en esta plaza.

Muchos califican la de 1997 como la temporada más importante de su carrera, pero si se mira más adelante, se comprueba que las siguientes no le van a la zaga. Ejemplo de ello es la gran tarde que da en Bilbao en 1998 cuando, por lesión de César Rincón, mata tres toros de Atanasio con los que da una lección de capacidad lidiadora. También corta rabos en Linares y Murcia que dan idea de la continuidad de su gran momento.

 

Tampoco baja la guardia en 1999, año en el que, entre otros muchos éxitos, consigue su sueño de abrir la Puerta del Príncipe de Sevilla. Lo logra la tarde del 26 de septiembre, en la despedida de Miguel Báez ‘Litri’.

La de 2000 es la novena temporada en la que supera las cien corridas. Mantiene su cartel al alza y ratifica su condición de primera figura con una regularidad aplastante y triunfos como el indulto de un toro de Buenavista en Málaga, otro en Jaén y las cuatro orejas que corta en la Monumental México en una misma tarde.

Y por fin llega el año 2001 y con él un hito histórico que será difícil superar. Ponce culmina su décima temporada toreando cien tardes, una auténtica carrera de fondo que celebra cuajando una campaña a más. Entre otros muchos logros, indulta un toro de Victoriano del Río en Nimes –primero que se indulta en Francia-, arrolla en agosto –tres orejas en Bayona, un rabo en El Puerto de Santa maría, tres orejas en Almería…- y cierra de forma apoteósica en Jaén.

Ponce está en plenitud. Nadie puede negar a estas alturas que la Fiesta disfruta de uno de los grandes de la Tauromaquia de todos los tiempos.