Otra tarde para admirar en Bilbao

Balance: ovación y silencio

Ganadería: Domingo Hernández

21/08/2014 Bilbao

Otra tarde importante de Ponce en Bilbao. Otra tarde para admirar. Aunque no hubo triunfo, quedó patente el alto grado de compromiso con el que el maestro acudió a la segunda cita en la Semana Grande. Gracias a ello sacó todo el partido posible de su lote. A su primero le hizo una gran faena que pudo terminar en oreja, mientras que en el complicado cuarto dio una lección de pundonor y entrega, metiéndolo en la muleta a pesar de la mala condición del toro. Lo dicho, digno de admiración.

Toreó con elegancia al primero de la tarde con el capote, bajando las manos en los lances y rematando con media. El toro puso de manifiesto su falta de fuerza en este primer tercio.

Con la muleta, Ponce lo trató con suma suavidad dede el primer momento consiguiendo muletazos de cartel en la primera serie por la derecha. En la segunda el toro perdió las manos y Ponce le dio un respiro, ligando de nuevo y rematando bien de pecho. En la tercera serie por ese lado el maestro le apretó más y dejó la muleta puesta en la cara, logrando una ligazón que enardeció al tendido.

Al natural también lo metió en la canasta en una serie buena. La siguiente la comenzó con un molinete ligado a un cambio de mano enorme, interminable. La última serie con la derecha fue cumbre por ligazón y profundidad. Y hermosos los muletazos finales antes de dejar una estocada tendida de la que el toro no cayó, teniendo que descabellar. Por esta circunstancia lo que pudo ser la primera oreja de la tarde quedó en una ovación.

De nuevo hubo suavidad y buenas formas en el recibo de capa al cuarto de la tarde, aunque el toro no acabó de desplazarse bien en este primer tercio. También estuvo limitado de fuerza este astado, que además desarrolló complicaciones en banderillas. Ponce apostó fuerte y se fue a los medios a brindar. E hizo honor a esa dedicatoria con una faena de gran mérito y entrega. En los primeros momentos de su labor el toro mostró su peligro pero Ponce, sin descomponerse en ningún momento, lo fue templando por la derecha. En la segunda serie el toro quiso quitarle la muleta embistiendo con el pitón de fuera y cambio a la zurda, por donde dejo una buena serie. Poco a poco fue dictando su lección. Corrigió defectos del toro y fue sacándole muletazos de una calidad impropia para un astado de estas condiciones. Fue admirable que un torero de su trayectoria se la jugara y se entregará de esta forma con un toro similar, exprimiendo hasta su última embestida en una labor propia de un maestro consagrado. El acero le apartó de nuevo del triunfo, pero no de haber dejado de nuevo muy alto su pabellón en una plaza que sabe a la perfección que Ponce nunca viene de paseo a Bilbao.