Otra tarde rotunda y tres orejas que pudieron ser más en Roquetas

22/07/2018 Roquetas de Mar (Almería)

Balance: oreja con fuerte petición de la segunda y dos orejas

Ganadería: Alcurrucén

Enrique Ponce sigue logrando eso tan difícil que es hacer de lo excepcional una costumbre. De la tarde de hoy en Roquetas se puede escribir un compendio de tauromaquia completo y ninguna de sus líneas albergaría ni siquiera una palabra de demérito para el torero valenciano. La de Roquetas ha sido una actuación si fisuras, de un maestro en la plenitud de su carrera y en la cumbre de su creación artística. Otra vez el público -ahora este cálido respetable almeriense- ha caído rendido a sus pies y no ha podido aguantar sentado durante muchas fases de la faena de Enrique al cuarto, la cumbre de su actuación en el día de hoy.

Ya en su primero se pidieron las dos orejas para Ponce después de una gran faena que incomprensiblemente el presidente no quiso premiar como era debido, quizá por el complejo de que era el primero de la tarde y quería marcar una absurda pauta de exigencia. Pero lo realizado por el maestro fue de dos orejas sin duda. Comenzó toreándolo muy bien con el capote y con la muleta cuajó una gran faena, sintiéndose muy a gusto en todo momento y brillando tanto con la derecha como al natural. Mató de estocada y solo le fue concedida una oreja.

Lo grande es que a Ponce estas injusticias le siguen doliendo casi tres décadas después de su alternativa. Eso le hace grande y habla de su ambición y pundonor torero. Por eso en el cuarto salió a por todas, a pesar de que el toro de Acurrucan salió extremadamente frío al ruedo y huyó de todo en los primeros tercios. Fue impresionante el ejercicio de fe que hizo Ponce en este segundo de su lote. Fe en el toro, pero sobre todo fe en sí mismo. Con una confianza absoluta, y a pesar de que el toro no paró de huir en la primera fase de su lidia, lo brindó y lo recogió en la muleta ya en los primeros doblones del comienzo. Una vez delimitados los poderes, Ponce se dedicó -para sorpresa de todos- a cuajar a placer a este toro de Acurrucén al que acabaría cortando las dos orejas. Entrega a raudales, conocimiento y esa estética asolerada de este torero compusieron una obra cumbre que dejó perplejos a los aficionados de esta tierra. Todo en su labor fue ligado, acompasado y bello. Fue un faenón con todas las de la ley en el que no faltó de nada, ni poncinas, ni el cartucho, ni toreo al natural con las dos rodillas en tierra en el final de la actuación. Como si tuviera veinte años y se jugara la temporada. Calidad en cantidad, llegando a sonar un aviso antes de entrar a matar. Lo hizo de pinchazo y estocada y el presidente, en este caso, no quiso tropezar dos veces con la misma piedra, concediendo las dos oreja de de ley.

Fotos: Julio Maza