Ponce impone su reinado con una faena cumbre en San Sebastián

14/08/2018 San Sebastián

Balance: ovación tras petición de orejas, ovación y oreja tras aviso

Ganadería: Victoriano del Río

Enrique Ponce es el rey. Esto, a estas alturas, parece una obviedad, pero tiene un mérito impresionante que lo siga demostrando día a día y que tenga fuerzas e ilusión para defender su reino a capa y espada cada tarde. Hoy lo hizo mientras otro Rey, el emérito Don Juan Carlos, lo veía desde una barrera. De un rey para otro rey, una tarde inmensa de Enrique, rematada con la que posiblemente sea la mejor faena de Ponce en este coso de Illumbe.

Al toro que abrió plaza ya estuvo a punto de cortarle una oreja. Lo recibió con lances suaves y despaciosos, brindando la faena a Don Juan Carlos. El toro no se entregaba ni era el más apto para florituras, por eso Ponce se empleó a fondo para meterlo en la muleta en una labor en la que no se dejó nada en el tintero. Terminó con circulares y dejó un espadazo, pero tuvo que descabellar. A pesar de ello hubo petición más que mayoritaria que el presidente no atendió. 

El tercero de la tarde tampoco ayudó. Con el capote Ponce le marcó el camino, pero al toro le costó embestir en la muleta, comportándose siempre a la defensiva. Lo templó y le sacó muletazos buenos a pesar de no tener colaboración de su enemigo, un animal desrazado y sin ritmo en la embestida. 

Al quinto lo cuajó de pitón a rabo en un despliegue del mejor Ponce. Comenzó por torear de forma cadenciosa a la verónica, meciéndose y gustándose en cada lance. Brindó al público y ya con el inicio de faena hizo que Illumbe crujiera. Fueron doblones imperiales, con la estética sublime marca de la casa rematados con cambio de mano. Después llegó el cuerpo de la faena, una auténtica sinfonía de toreo vertical, con la naturalidad que solo tienen los grandes del toreo. Series largas, templadas ligadas, de muchos muletazos y creciente calidad. Una maravilla para la vista y el disfrute de todos los aficionados. Y todo gracias a un toro exigente que en las manos del maestro pareció mejor de lo que era. Terminó nuevo toreando de forma excelsa por bajo como epílogo de una faena que era de dos orejas con creces. 

Fotos: Julio Maza