Ponce provoca el éxtasis colectivo en Santander con una obra excelsa

27/07/2018 Santander

Balance: aplausos y dos orejas

Ganadería: Garcigrande

 

Ponce trajo el azul celeste del Mediterraneo, Picasiano con aroma y recuerdo de su ‘Crisol’ malagueño a esta tarde propia montañesa. 

El toro, ‘Guardaperros’, burraco y lucero, no repetía a la propuesta de capote limpio y templado del maestro. Siempre mirando las tablas, con tanta ansiedad que, incluso, perdía las manos en su propósito de huida. Y comenzó por darle más aire todavía al toro y dejó que el toro creyera que mandaba hasta que el maestro dijo basta y le impuso su ley, lo atrapó en una muleta de círculos imposibles de abandonar, de empaque inaudito al tiempo que la música susurraba despacio con los acordes de La Misión, como asombrada ante a obra del Maestro. Porque El toreo es el arte entre las artes, y el manso lucero seguía tirando cornadas y el maestro dirigiendo un vendaval de genio convertido en arte en el embroque de su bragueta de toreo macho. Y el público rompió a gritar ante la imposibilidad de expresarse de otra manera. Llegó el toreo genuflexo y el éxtasis colectivo. ¿Como explicar el arte? Como dijera Santo Tomas: si nadie me lo pregunta lo sé, si tengo que explicarlo al que me lo pregunte, no lo sé. Mató de una estocada entregando el alma, jugándosela hasta el punto de que recibió un pitonazo en el muslo. Tardó el toro en caer y lo que hubiera sido un rabo se quedó en dos orejas.

La locura colectiva era tal que el público, sin aviso de nadie, rompió a cantar ‘Viento del Norte’, que es como el agarre espiritual de los norteños rememorando a sus ancestros.

Ponce muy grande. Después de dar la vuelta al ruedo con las orejas le hicieron salir a los medios al grito único de los que se visten de luces: Torero, torero, hasta el infinito…

Con un lleno en los tendidos y el cielo cubierto de nubes grises oscuras salió el primer toro de Garcigrande que se mimetizaba con la tierra y el cielo. No quiso capotes y buscó siempre la huida a las tablas hasta que después de ser picado el Maestro, en los medios, lo mece en tres lances de despaciosidad y ritmo sublime. Se reserva peligroso en banderillas y llega mirón, remiso y con pleligro sordo a una muleta que de inicio quiso apostar por el toro y que finalizó sometiendo al castaño de Garcigrande. Por momentos el burdel salmantino no tuvo más remedio que embestir al cite cruzado del valenciano, que expuso mucho más allá de lo que merecía el descastado toro. Pitos para el toro y aplausos para el torero.

Texto: Paco Villaverde

Fotos: Julio Maza