enrique ponce
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Por: Guillermo Leal. Mundotoro.
Referente a la corrida celebrada el día 6 de noviembre de 2005 en México D.F.

Cumbre Ponce, excepcional

Enrique Ponce ha conquistado uno de los sueños más anhelados de su vida, cortar un rabo en la Plaza México, pero sobre todo reafirmar el cariño que el público capitalino le tiene y al que el valenciano respondió con un par de faenas de arte, de temple, de valor y entrega. Un par de faenas, por mucho, no las mejores de sus 32 actuaciones en la Monumental capitalina, pero sí las que más le han dado. Ni más ni menos cuatro orejas y un rabo, hecho del que muy pocos toreros extranjeros pueden presumir.

Y es que Ponce salió al ruedo a inventarse qué hacer tomando en cuenta que para ello poco colaborarían los toros de Fernando de la Mora. El resultado fue un par de faenas llenas de maestría, magia y emoción. Esos muletazos en redondo, esos tersos trazos de figura erguida y mano muy baja que fueron eslabonando, primero su faena al tercero de la tarde y después rematando la del quinto que además tuvo la serenidad y el sello personal de uno de los toreros que más ocasiones ha estado a punto de conseguir los máximos apéndices y no lo había logrado.

Tuvieron que pasar 13 años para conseguirlo, 13, cabalístico número que poco le importó al diestro español quien, decidido, cobró además un par de estocadas de magnífica ejecución y muy efectivas. El público entregado a los pies del valenciano, no hacían otra cosa que pedir primero las orejas del primero y después el rabo, sí, ese trofeo que es un parteaguas en la carrera taurina de Ponce quien llegó a México abriendo la posibilidad del retiro, misma que cerró por algunos años más porque alguien como él, con la capacidad de asombro que tiene todavía, con la técnica para lograr que los toros malos terminen embistiendo, con la personalidad que cautiva a los públicos, simplemente no se debe ir, no cuando esas cualidades están en su plenitud y madurez. El beso que le dio al rabo del toro "Protagonista", número 86 de Fernando de la Mora, es quizá uno de los besos más tiernos que ha dado en México.

Ayer que adelantó su presentación un mes, todo estaba de su lado, todo estaba marcado ya por el destino por ese que le acompaña y que le tenía preparado a él su mejor regalo y al público su mejor recompensa a tantos años de apoyo y cariño desmedido hacia el valenciano. Los olés de 40 mil gargantas debieron escucharse hasta España en donde los teléfonos tenían un solo destino. En hombros dejó Ponce la plaza y se fue a las nubes porque hoy torea en Cartagena, que donde lo haga como aquí, agárrense, no se vayan a caer de la impresión.

 

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