enrique ponce
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Por: J. M. Galiana. La Verdad.
Referente a la corrida celebrada el 15 de septiembre de 2004 en la plaza de Murcia.

Magistral: Ponce saca el libro

No hay quinto malo, dice el aserto, pero si el quinto de La Dehesilla no le toca en suerte a Ponce, a estas alturas hablaríamos de otra corrida. Vidriera, un castaño con más alzada que sus terciados hermanos, se mostró corretón y distraído en los primeros tercios, se repuchó en el caballo y tomó el castigo en toriles. Ponce no lo forzó; lo llevó a los adentros, el terreno propicio, lo tanteó, lo sobó y, de súbito, el manso buscó el vuelo redondo de la muleta con una cometividad insospechada, y el torero de Chiva ligó dos series vibrantes llevando al toro embebido en el engaño, muy tapado, para que no se alejara.
En la primera tanda de naturales perdió el trapo; le ofreció de nuevo el engaño y el toro hizo amago de irse. Poderoso, cuajó cuatro naturales muy templados y largos, con el toro sometido y el público entregado.

Firmó la obra maestra en las rayas, deshojando cuatro naturales de frente y a pies juntos, con el remate de una trinchera y el de pecho, que erizó los lomos de animal, y todavía se lució con una recreación del cartucho del pescado, y tres últimos naturales de sensación. Cuando Enrique se puso en suerte y blandió la espada para despenarlo, se hizo el silencio en la plaza. El torero se fue detrás de la espada y la plaza fue un clamor y un flamear de pañuelos y almohadillas pidiendo las dos orejas.


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