enrique ponce
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Por: Barquerito. El Correo.
Referente a la corrida celebrada el 20 de agosto de 2004 en la plaza de Bilbao.

Ponce, maestro de doma. Gigantesco

Pero no hay corrida que no sume. También ésta. El primero de la tarde, en las manos y la madeja de Ponce, acabó tomando dócil la muleta por los dos lados. Bien sobado por Ponce, primero y cuarto se acabaron acomodando en la muleta como si durmieran en ella. En la muleta de Ponce, que les tiene que oler a cloroformo a muchos toros. Y el cuarto, exactamente en las mismas manos, los mismos brazos, las mismas muñecas y los mismos pulsos del gran Ponce, pues igual: pareció un toro de cuerda. Un gigantesco toro de cuerda. Que no es fácil. Ni serlo de cuerda ni, desde luego, darla. Secretos de Ponce. Esa faena fue un pequeño portento de todo: de doma, empeño, sitio, dominio, habilidad, listeza, entrega y gusto. Hubo con la mano derecha y en semicírculo seis o siete muletazos de linda cadencia. Hubo estupendos remates cambiados tirando Ponce del toro y sacándolo con pulso tal que prestaba impulso al toro. La primera violencia menor del toro quedó sometida en nada. Como si Ponce se pusiera los guantes. Los guantes de seda.

Díficil. Si hubiera querido, Ponce se habría sacado el toro de la plaza prendido de la muleta y lo habría llevado de la mano hasta donde le hubiera dado la santa gana. Como los zíngaros que hacían bailar a los osos por las calles. A este toro lo hizo bailar Ponce con cierto ritmo. Es que parecía que lo había sacado a bailar. Sin embargo, la faena, puera ciencia y puro gusto, no tuvo premio. Una estocada tendida, un aviso, dos descabellos. De tan sometido, el toro había dejado de emocionar.Sería eso. Y con el primero de de lote, casi lo mismo. Ponce hizo la faena en un cuadrilátero mínimo. Le sobró más del noventa por ciento del ruedo. En un palmo. Al toro lo trajo, lo engañó, lo envolvió, lo asustó, le dio confianza, le pegó de pronto un molinete y adiós. Hasta el samuel siguiente. Tres cuartos de hora después. Hasta el toro de la danza que se rindió en brazos del maestro.


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