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Por: Juan Posada. La Razón.
Referente a la corrida celebrada el 20 de agosto de 2004 en la plaza de Bilbao.
La afición bilbaína rinde un merecido tributo a la maestría de Enrique Ponce
Destacó la magistratura de Enrique Ponce toda la tarde muy en torero, sin un fallo, concentradísimo sobre todo en la lidia del cuarto al que toreó de forma maestra cuidando especialmente la templanza, clave de la faena.
Tesón. Enrique Ponce con el primero, muy gordo, noble y flojo, realizó una faena tesonera.
Maestro. Ponce, con el bonancible cuarto dio una lección de templanza de principio a fin. El toro le entraba al paso y para torearlo era preciso acompasarse a su son, además de dejar el engaño en la distancia justa para no molestarlo ni soliviantarlo. El gran secreto de la faena fue la manera en la que lo enceló para que repitiera las arrancadas, a pesar de sus pocas energías y ganas de hacerlo. Para ello, dejó la muleta muerta ante el hocico al final de cada pase para que el animalito no tuviera otro remedio que verla y, consiguientemente, seguirla. Para ello derrochó sentido de la distancia, del milímetro, más bien, porque si no, imposible ligarlo. Faena maestra, con celo y afición apasionada.
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