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Por: Zabala de la Serna. ABC.
Referente a la corrida celebrada el 20 de agosto de 2004 en la plaza de Bilbao.
Ponce, un animal nacido para el toreo
Ponce es una bestia. Un animal nacido y hecho para el toreo. Un superdotado del temple. Del valor. Un valor que transmite por la serenidad en la cara del toro. No hay un gesto ni un aspaviento que traduzca al público lo que pasa por dentro, que algo debe de pasar. Dos meses inactivo y está en la plaza como si tal cosa. Más: es capaz de plasmar una faena de lentitud y belleza como la del cuarto, un samuel andarín que embestía al pso, noble pero para aguantarle con la muleta tersa, ralentizada a través de un prisma que todo lo eterniza. No se puede torear más despacio ni con mayor plasticidad. Unas dobladas precedieron a una tanda de derechazos, que si fue buena aún no alcanzó la perfección de la siguiente. Sincronía, naturalidad, la mano baja. En redondo se recreó, y la presencia del toro no era como para recrearse.
Por naturales pulseó, que dicen ahora los neotaurinos. O sea qu tuvo que emplear ligeros toques para tirar de los viajes más parcos. Una serie fue. El resto lo marcó la mano sabia del Sabio. Para el recuerdo los pases de pecho de pitón a rabo vaciados por la hombrera contraria.
A pies juntos se rebozó, y luego se dobló. Aquello que hace años muchos necios llamaban el toreo accesorio lo bordó con la profundidad de siempre. No entendí la reacción del público, que se enfrió por dos descabellos tras una estocada... La vuelta al ruedo supo a oreja de ley.
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