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Por: Carlos Crivell. El Mundo.
Referente a la corrida celebrada el 17 de agosto de 2004 en la plaza de Málaga.
Ponce cuaja un toro de bandera
Sigue la feria malagueña con buenas noticias. Enrique Ponce ha vuelto a los ruedos y la fiesta se lo puede agradecer. En la tarde de ayer ha cuajado a un toro excepcional de Santiago Domecq que fue un ejemplo de las mejores virtudes que se le pueden exigir a un toro bravo. Qué forma de venirse arriba en banderillas, qué fijeza y qué recorrido en la muleta. Es cierto que este tipo de toros exigen buenos lidiadores y vino a tocarle a Enrique Ponce, que anduvo con él como sólo pueden estar los grandes toreros.
A cada cite de Ponce, allí estaba el toro, vibrante y encastado, queriendo comerse la muleta. El diestro valenciano acertó a bajar la mano para someter aquel torrente de bravura; fue éste un detalle fundamental. El toro era casta y también nobleza. Cuando sus fuerzas bajaron, el animal era pura docilidad en cada arrancada. A esas alturas, el espada se había ya relajado y dibujó pases enormes, sobre todo por el lado derecho, porque el único defecto del astado fue que no humilló por el lado izquierdo.
En la fase final de su faena, Ponce templó hasta donde ya parecía imposible, mimó la dulce embestida del que antes era un torbellino, y dejó para el recuerdo algunos pases por bajo y los de pecho que pasan a la historia íntima de La Malagueta. El público solició el indulto para este excelente toro, algo que puede discutirse. Como tanto otros toros de estos días, el tercio de varas fue visto y no visto aunque la buena mano de Manolo Quinta lo castigó con acierto. La faena fue de emoción creciente, pero también larga. La propia discusión sobre el indulto hizo que el tiempo pasara. Ponce falló con la espada y escuchó dos avisos. Sólo cortó una oreja. No importa. Queda guardada en la retina una gran faena.
Pero la corrida tenía más argumentos. El propio Enrique Ponce había toreado con gusto al que abrió plaza, que tenía muy pocas fuerzas. Fue, sin embargo, la demostración de que Ponce sigue en su plenitud torera. El problema es que la lesión sufrida le impide matar con acierto y confianza. De cualquier forma, bienvenido de nuevo a esta fiesta, tan necesitada de maestros.
La tarde quedó marcada por la faena de Ponce. No es fácil que se produzcan encuentros en la cumbre de un toro tan bueno y un diestro tan capacitado.
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