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Por: José Luis Ramón. Cinco Días.
Ponce, magistral en Madrid
La fiesta es pasión. Pero no injustificada. Y ambas cosas se vivieron ayer en la faena de Enrique Ponce a su segundo toro, un trasteo de maestro que llegó a enfrentar a los dos fundamentales sectores de la plaza. La minoría se lo negó todo. Se lo intentó reventar todo, pero el resto de la plaza reaccionó hasta hacerles callar. Y como origen de todo ello, una gran faena de Ponce a un toro que mejoró a lo largo de la faena por la sabia lidia del valenciano.
A base de seriedad, de exponerle, de llevarle muy sometido siempre con pulso y gran valor, Enrique Ponce acabó cuajando al toro de Valdefresno. De mitad de faena en adelante, justo cuando el toro se entregó y renunció a muchos de sus problemas, la faena alcanzó una dimensión cercana a la obra maestra. Los muletazos finales por abajo, cambiándose el trapo de mano, tan de Ponce, fueron sensacionales. Escuchó un aviso toreando, y otro más después de pinchar en tres ocasiones. No hubo trofeos, pero sí el reconocimiento mayoritario de los aficionados. El pequeño sector de público que intentó cargarse la faena siguió protestando. Estaban en lo suyo.
La corrida de Valdefresno salió seria, muy floja, sin casta y en general venidos abajo. Sólo las sabias manos de Ponce lograron el milagro en el cuarto de la tarde.
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