Tarde pletórica en Zaragoza que el presidente deja sin Puerta Grande

12/10/2018 Zaragoza

Balance: vuelta tras petición y oreja con petición de la segunda

Ganadería: Puerto de San Lorenzo

Enrique Ponce ha protagonizado una tarde pletórica en Zaragoza, donde ha hecho méritos para cortar tres orejas al menos, aunque el presidente dejó el premio en una sola e impidió que el torero recibiera el justo premio por lo que había realizado en el ruedo.

Así lo cuenta Mundotoro.com:

Es ridículo y lamentable que Ponce no haya salido en hombros esta tarde en Zaragoza después de una tarde plena. Una actuación de tres orejas por el modo en que entendió los interrogantes de su lote, que escondió sus defectos y potenció sus virtudes. Dos lidias modélicas, para enseñar en las escuelas, en las que la ciencia y la estética caminaron de la mano. Pensar primero para expresar después. O mejor, pensar en el muletazo siguiente mientras dura el anterior. Un portento. Un coloso. Pues el listo de arriba lo valoró como si hubiera visto algo cotidiano. 

Ponce ya estuvo a gran nivel en el primero, del hierro de La Ventana. Alto de agujas, estrecho de sienes, bien hecho, que cantó su buena condición de salida, con calidad, incluso planeando cuando tomó el capote. Ponce lo tomó sobre la mano derecha y lo toreó con primor en los primeros compases. Acompañando, sin obligar ni someter la embestida del animal con estética y compás. Al astado de La Ventana no le sobraron las fuerzas pero Ponce lo administró a la perfección con tiempos, con pausas, llevándolo siempre a su altura y conduciendo la embestida con suavidad y sin tirones. El final de faena, cerrando al toro a dos manos, fue delicioso, igual que los muletazos por bajo con la pierna flexionada, ya con la espada de verdad. Tardó en cuadrar al animal, que luego se demoró en doblar y sonó un aviso, pero aún así hubo petición suficiente. El presidente, como quedó dicho, se puso exquisito. Otra tarde más.

Con caja y buenas hechuras también el cuarto, que respondió con obediencia en el capote de Ponce, aunque siempre lo tomó dormido y a media altura. Le midió el castigo en el peto el valenciano que en banderillas marcó querencia y en los albores del trasteo mostró su predilección por la tapia. Allí se fue a buscarlo Ponce que acertó a dejarle la muleta en el hocico, y, tomándolo en corto, fue capaz de reducir su embestida y acompañarla con prestancia, jugando con las querencias, dialogando e interactuando con el público, que se impacientó cuando se percató de la mansedumbre del animal, y acabó empatizando con la inteligente labor del maestro de Chiva, técnica y estética a partes iguales. Las poncinas finales, citando en paralelo a tablas y rematando el muletazo, semicircular, hacia los adentros, pusieron al público en pie. Se pidieron las dos orejas con unanimidad, pero el señor de las alturas, fue de nuevo en contra del espectáculo.

Fotos: Julio Maza